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2016: lo que llegó después del posmodernismo

Si entendemos al posmodernismo de una manera muy general, como el escepticismo hacia las "grandes narrativas" que se sustituye por la ironía auto-consciente de lo socialmente contingente que son todos los sistemas de valor, entonces el 2016 --cuando Trump, el troll conspiranoico mayor, se corona como el hombre más poderoso del mundo-- es el fin oficial del posmodernismo y el regreso oficial de los discursos absolutistas (es decir, los que se oponen a los relativistas). Este nuevo absolutismo es neofascista y definitivamente no es moderno.


Por supuesto, los discursos absolutistas nunca se fueron completamente. Aún con el relativismo y las críticas basadas en los conceptos de construcción social, la tendencia "modernista" de suponer que hay una realidad objetiva y un cierto sistema de valores --esas malditas ideas como la democracia liberal occidental, la racionalidad ilustrada o la moralidad humanista-- siempre siguió ahí. Pero es difícil decir cuál era la tendencia social dominante, al menos en las sociedades occidentales, occidentalizadas, e influidas por eso que vagamente llamamos "Occidente".


Desde 2016, aunque no sea la tendencia social dominante, sí me parece que el fenómeno contracultural más revolucionario, y en donde vemos la mayor rebeldía, la mayor provocación, y hasta la mayor innovación política (al menos en el aspecto mercadológico de la política), es en la ultraderecha.


Suena un poco paradójico: la ultraderecha es, por definición, conservadora. Pero en el modo de expresar su conservadurismo está su rebeldía: es la idea de que están subvirtiendo el orden social imperante (como ya ha notado el teórico metamodernista Seth Abramson, es una "rebeldía punk" que funciona mediante el shock). La idea de que ese orden social está dominado por "comunistas", "marxistas culturales", "homosexualizadores", "destructores de los valores tradicionales/americanos/etc.", y otras cosas que asocian con diferentes sectores, muchos de ellos cercanos o idénticos a sectores de izquierda. Contra eso se rebelan.


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Esa rebelión se expresa mediante varias prácticas, consonantes entre sí:

  • en el trolleo --de ahí que insista en que la era Trump fue un perfecto ejemplo del paso de la tecnocracia a la trollcracia, que utiliza una estrategia populista--, en eso que los ultraconservadores llaman "lo políticamente incorrecto" --de nuevo bajo la suposición de que el orden imperante es un orden de izquierdas, que establece los límites de lo "políticamente correcto", definiendo la ventana de Overton;

  • en la desconfianza hacia los discursos "oficiales": particularmente, el de la ciencia establecida, lo que comunican los gobiernos democráticos, y la moralidad liberal y humanista;

  • en la conspiranoia desatada, que tiende a conformar cuasi-sectas: esta es resultado directo de la desconfianza de esos discursos "oficiales", cuando a ella se le apareja con una falta de pensamiento crítico para filtrar y contrastar información;

  • en la formación de cuasi-milicias populares, organizadas en colectivos locales, como se ve con los Proud Boys y los boogaloo bois en E.U.A., así como en otras organizaciones neo-fascistas en Europa;

  • por supuesto, en manifestaciones y contra-manifestaciones, donde se promueven sus valores políticos, sus conspiranoias (algunas de las cuales, como la de QAnon, se han globalizado a niveles insospechados), se rechaza masivamente políticas basadas en la ciencia (como las cuarentenas frente al COVID o medidas ante la emergencia climática), y se enfrentan contra grupos de izquierda (como las contra-manifestaciones frente a Black Lives Matter);

  • en el establecimiento de su propio ecosistema de creación y difusión de información: inicialmente, mediante el ecosistema de medios de derecha "fringe", como en algunos programas de radio o de tele por cable americanos, pero hoy en día llega hasta crear redes sociales alternativas a las "mainstream" donde puedan subir notas, "cables", videos, "documentos" y demás medios.

Cabe notar que estos ecosistemas de medios alternativos son parte de la causa, y a su vez algunos han resultado de, la reciente crisis epistémica.


Los valores que puedo identificar en los diferentes sectores que se organizan así son:

  • una clara tendencia a la xenofobia,

  • tendencias también claras a otras actitudes discriminatorias, como racismo, machismo y homofobia,

  • la idea de que su contrincante principal es "el comunismo", que a su vez se encarna en diferentes grupos, colectivos en el poder o sectores de la población,

  • la idea de que la democracia liberal y la globalización son instrumentos de una esfera muy reducida de agentes que tienen muchísimo poder político y económico, y que actúan guiados por su egoísmo y hambre de poder,

  • ideas cuasi-militaristas, o de plano militaristas,

  • el capitalismo laissez-faire sobre cualquier tendencia menos permisiva en la economía, bajo la idea de que todas ellas son "socialismo",

  • y, como todo sistema de valores adoptado por grupos cuasi- o neo- fascistas, la veneración por un pasado mítico perdido: los "buenos viejos tiempos" que se expresan con la idea de "volver a hacer grandiosa a América" o en las ideas de que liberalizar la migración pervierte la economía y los valores europeos; sin hablar de todas las demás tendencias, ideas y movimientos que les parecen pervertir el mítico pasado glorioso: desde las políticas por la emergencia climática, pasando por el feminismo y el derecho a abortar, hasta el software libre, la igualdad de oportunidades, la existencia de servicios públicos, o la legalización de las drogas.


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Este es el regreso del absolutismo y el fin del relativismo como tendencia cultural: el regreso de los discursos que se proponen omni-abarcantes y las grandes narrativas. Esas grandes narrativas son las conspiranoias que mueven a los nuevos rebeldes.


Yo solía creer que el reino de las noticias falsas y la conspiranoia, encarnado en estrategia de comunicación política por parte de Trump y sus secuaces, era el triunfo final del relativismo posmoderno. Pero desde hace un rato ya no lo creo. Es el contrario: la reacción absolutista. Pero el absolutismo de la modernidad ilustrada era un absolutismo universalizable y auto-corregible: universalizable, porque se pretendía que la democracia, el liberalismo y el humanismo tomaran las formas apropiadas en cada cultura, tal como el agua asume la forma de su recipiente; auto-corregible, porque el paradigma moderno de la búsqueda de la verdad era la ciencia, que vive en la administración de la incertidumbre para producir consensos estables, pero revisables bajo la evidencia empírica disponible y los modelos más sofisticados.


El paradigma del absolutismo neofascista no es ni universalizable ni auto-corregible. No es universalizable porque una de sus bases ideológicas es la xenofobia y el rechazo a la globalización --- con lo que ella conlleva, como el encuentro de las culturas, la mezcla de estas, y la búsqueda de consensos políticos mediante mecanismos (idealmente) democráticos. No es auto-corregible porque el absolutismo neofascista se basa en burbujas de información que distribuyen conspiranoia y pseudociencia. Estas no son corregibles bajo la evidencia: si un hecho refuta a una hipótesis derivada de alguna conspiranoia, los conspiranoicos dirán que el hecho no existe, sino que es promovido por "la gente en el poder", o dirán (como hacen en los círculos QAnon) que tal hipótesis nunca se derivaba realmente de su conspiranoia, sino que se puso en circulación para "confundir" a "los verdaderos creyentes".


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El nuevo absolutismo es neofascista y su apoteosis sucedió en noviembre de 2016, con la victoria electoral de Donald Trump. En ese punto, tenemos al troll conspiranoico por excelencia en la posición del hombre más poderoso del mundo. Con su derrota electoral cuatro años después, a tantos nos gustaría creer que se ha acabado una era: Biden sería el regreso del paradigma moderno, la democracia liberal, el centro político que media entre las políticas económicas de la socialdemocracia a un lado (con el socialismo --en variantes democráticas y no-- todavía más a la izquierda) y el capitalismo laissez-faire al otro. Este centro estaría distanciado de, pero sería algo más amigable con la existencia de, las propuestas del socialismo democrático en la economía o las tendencias "woke" en las luchas sociales, aunque le concedería su lugar a un conservadurismo moderado siempre que fuera suficientemente liberal.


Pero el asalto al Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021 no sólo muestra lo aferrados que están los movimientos underground al poder simbólico y fáctico que les representa tener a Trump en el poder. También muestra su labilidad. Para esto, una muestra reciente.


El famoso bufón conspiranoico de ultraderecha, Alex Jones, tuvo uno de sus icónicos "meltdowns" contra Jake Angeli --el desquiciado con gorro de búfalo que se infiltró al Capitolio y tomó su tribuna principal-- porque Jones presionaba a Angeli a que le explicara cómo es que, desde el punto de vista de Angeli --una estrafalaria mezcolanza de la conspiranoia de QAnon con la pseudociencia hippie de "las energías" y "las vibraciones"-- la derrota de Trump sería compatible con el mesianismo implicado en su conspiranoia. Angeli le dice (minuto 2:44) que:

Donald Trump es una parte de un plan mucho más amplio

y que:

Trump ha jugado un papel fundamental

implicando que, aunque "muy importante", Trump no es esencial para la conspiranoia de QAnon. Por supuesto, Jones tiene el "meltdown" debido a la extrema desesperación que provoca enfrentarse con la cerrazón cognitiva de la infalsabilidad: cuando uno le dice a alguien:

"Oye, tu decías que X, pero los hechos recientes demuestran concluyentemente que X es falso,

y la otra persona te responde alguna estupidez del estilo de

No, mira, las energías y la vibraciones que gobiernan a la materia nos llevan a creer que X era verdad pero que ahora algo más importante está pasando,

es de comprender que uno se exaspere.


Lo importante de ese curioso episodio de un conspiranoico comprendiendo la frustración que provoca la conspiranoia a quien la ve desde fuera, es lo siguiente. Si el mesianismo de QAnon hacia Trump es suficientemente lábil para modificarse y de alguna forma aceptar que Trump ya está fuera de la jugada, es porque la conspiranoia neofascista tiene a Trump como un mero medio. Siempre lo fue. Su esencia es otra cosa: los valores y prácticas de las que hablé antes.


Pero su esencia es distinta de sus verdaderas causas: la creciente desigualdad económica, la disonancia cognitiva ante la posibilidad del colapso de la civilización ante el cambio climático y otras presiones naturales (como pandemias), la resistencia al cambio cultural y social, la promoción de falsos culpables (como los inmigrantes), la reunión de personas antes excluidas de la sociedad mediante las redes sociales, o fenómenos tan relativamente sencillos como la apofenia (el buscar patrones donde no los hay, como hacen quienes padecen psicosis). (Esto, hablando desde el lado de la demanda. La investigación politológica ha mostrado que también existen causas del lado de la oferta.)


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Este es otro rasgo del nuevo absolutismo: esa labilidad de sus hipótesis auxiliares. El ejemplo paradigmático del absolutismo moderno, la ciencia, como ya dije, se auto-corrige mediante la administración (formalizada en la estadística) de la incertidumbre inherente en la modelación matemática de variables poblacionales. Pero el absolutismo neofacista no se autocorrige, porque la conspiranoia no reconoce la falsación. La conspiranoia construye sobre sí misma nueva conspiranoia, que explica la "aparente" falsación de sus hipótesis. (No es que Trump ya no sea el mesías, es que las energías manifiestan su mesianismo "de otra forma".)


Digamos, entonces, por este no reconocer la falsación, que el nuevo absolutismo es "anti-popperiano". Juntando todo lo anterior, tenemos que el 2016 es la apoteosis de la trollcracia anti-popperiana, el nuevo paradigma absolutista que sustituye al posmodernismo y que, debido a su labilidad, y debido a que las causas que lo provocaron siguen presentes, y debido a que todavía no hemos creado soluciones novedosas a los problemas que presenta, desafortunadamente está aquí para quedarse.

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© 2019, Carlos Romero.

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